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Identidad Digital - 09/08/2017

Familias tecnológicamente saludables, ¿es posible?

5 min Tiempo de lectura

 

Temporada estival. Más tiempo libre. Probablemente más naturaleza, playa, montaña, pueblo, turismo. Más horas en familia. Con todos estos “mases”, en vacaciones tendemos a desconectar de la tecnología, dejar el móvil en casa, abandonar temporalmente los selfies y pasar de wi-fi; o todo lo contrario, recurrimos más a las pantallas para entretenernos, contamos en redes sociales cada plan, buscamos mapas con el 3G mientras callejeamos, consultamos en un buscador el clima o el cambio de divisas…

En lugar de cuestionarnos a cada momento si estamos abusando de la tecnología, si somos demasiado dependientes o si somos tan analógicos que nos estamos quedando atrás, podemos aprovechar el verano para reflexionar sobre qué tipo de familia tenemos (y queremos), digitalmente hablando.

Un uso saludable de la tecnología empieza en casa, con la vida familiar, con la relación que los adultos tengamos con las pantallas y la educación que los hijos reciban en términos de hábitos digitales. Quizá somos muy tecnológicos, quizá no. Y en lugar de quedarte en los prejuicios, puedes hacer una lista con lo que debería tener una familia tecnológicamente saludable (a tu entender) y después compararla con la actual salud digital de tu casa. Así resultará más sencillo modificar pautas y empezar nuevo curso con una conexión familiar más positiva.

En definitiva, se trata de ser ciudadanos de un mundo que ya es digital: hay que conocer los riesgos, respetar los límites y saber que la tecnología juega un papel fundamental y fantástico, siendo capaces de manejarla en cierta medida sin ser sometidos por ella.

Desde Dialogando, te proponemos una lista con 5 rasgos de familias tecnológicamente sanas.

1- Concienciación y Conocimiento: familias que saben

Lo digital ha llegado para quedarse. Las redes sociales y las aplicaciones no van a desaparecer (aunque cambien de nombre). Así que es fundamental que los miembros de la familia estén al día sobre el mundo de las pantallas. No se trata de estar “enganchado”, sino de aprender un poco cada día sobre lo que conlleva vivir en tiempos de Internet. Entre tanta información sobre los peligros de Internet queda poco espacio para hablar sobre alfabetización digital. En lugar de temer a lo tecnológico, conviértete en “practicante”, conoce el entorno y buscan la forma más positiva posible de utilizarlo (individualmente y en familia).

  • Ponte al día sobre cómo crear y guardar buenas contraseñas, sobre qué es malware y cómo proteger tus dispositivos, sobre cómo navegar de forma segura, sobre juegos, apps y redes de moda, sobre ajustes de privacidad
  • Busca información sobre saber buscar, saber qué creer, saber expresarse online, saber elegir e incluso crear contenidos, saber hasta dónde compartir y comentar…
  • Actualiza de vez en cuando sistemas operativos de ordenadores, móviles y tablets; cambia contraseñas y elimina apps o documentos que no uses. Protege tu router y cuida tu imagen digital, igual que proteges tu coche y tu casa y cuidas tu aspecto físico o tu alimentación.
  • Averigua cómo identificar o denunciar situaciones en las que se produzcan acoso o ataques, así como contenidos violentos o inadecuados. De igual forma, busca información sobre un adecuado comportamiento online, para fomentarlo en casa.

2- Comunicación: familias que hablan

Nunca antes fue tan importante hablar en familia, precisamente como contrapartida a la creciente vida tecnológica de cada miembro por separado. Es importante fomentar el diálogo, normalizado, sobre el uso que damos a los dispositivos y a Internet. Hablar sobre lo mejor y lo peor de la Red, sobre cómo es vivir, crecer, aprender o trabajar en un mundo que cada vez está más conectado y en el que lo más fácil es opinar.

  • Hablad sobre qué os gusta a cada uno y por qué, comentad dudas y compartid intereses.
  • Comparte con tus hijos situaciones que experimentes en relación con la tecnología: malas y buenas.
  • Aprovecha noticias de actualidad o contenidos que conozcas para abrir vías de dialogo sobre temas como ciberseguridad, respeto, reflexión, intimidad, datos personales…
  • Si alguien de la familia comete un error en redes sociales, no sobre-reacciones, trata de hablar sobre el tema con calma para transmitir la idea de que siempre existen maneras de superar obstáculos.

3- Equilibrio: familias que viven ON y OFF

La vida del siglo XXI ya no puede ser solo cara a cara. Necesariamente tenemos que asumir que la comunicación, el consumo, el entretenimiento, el trabajo, las relaciones, la información… se producen ahora también a través de pantallas. Como en todo, el equilibrio es fundamental. Ni todo ni nada. Las familias que persiguen este “un poco de cada cosa” de forma consciente y coherente lo tendrán más fácil a la hora de evitar un abuso de lo digital. 

  • Crea normas familiares (un cartel, un contrato, un post-it…) que establezcan horarios, lugares y contenidos. Todos tenemos claro que en la mesa “no comen” los móviles o que es mejor que los dispositivos no “duerman” con nosotros, pero además es importante evitar que los niños tengan autonomía digital en sus cuartos cuando son pequeños o que vean cualquier cosa sin tu conocimiento.
  • Planifica de vez en cuando un día sin tecnología. La vida es maravillosa con pantallas, pero también sin ellas. Y planea un día en el que hagáis algo tecnológico todos juntos (ver series en streaming, buscar videos de YouTube, hacer un video familiar y editarlo, incluso crear una cuenta en Instagram con la que compartir fotos creativas de figuras de Lego…).
  • Nada de todo esto sirve si es sólo un discurso. Los adultos tienen que dar ejemplo. Y aunque los niños se quedan con lo que quieren y no lo imitan todo, cuanto mejor y más saludable sea la relación de los padres con lo digital, mejor y más saludable será la de los hijos. Recordemos: mejor y más saludable no es ni inexistente ni constante, sino intermedia.
  • Identificar en familia los usos positivos de las pantallas. No todo lo que se hace con los dispositivos o con Internet es perjudicial. No es lo mismo estar 3 horas delante de una televisión viendo videos o jugando que pasar 3 horas editando una película familiar o programando un blog privado con historias del último viaje.

4- Pasión y Positividad: familias con talento, que hacen equipo

Igual que disfrutamos juntos de las cosas que nos gustan más allá de la tecnología (esquiar, pasear en bici, ir a museos, jugar al Monopoly, comer en nuestro restaurante favorito…), tenemos que potenciar que la familia viva lo digital de forma unida. Que los niños perciban que nos interesa su mundo pasa por que nos interesen sus aficiones digitales. Aprovechando nuestras aficiones y talentos, podemos funcionar en equipo.

  • Saca partido de lo bueno que aporta el mundo digital y no te conectes sólo para seguir aislado. Utiliza la tecnología para comunicarte, informarte, aprender, jugar, compartir y experimentar, para luego hablar sobre el tema en familia.
  • Aprovecha lo digital, que tanto atrae a los niños, para acercarte a ellos e inspirarles en valores y uso creativo. Internet está lleno de ideas para hacer manualidades y todo tipo de proyectos, para organizar viajes y tareas, para componer música o aprender baile. Implica a todos los miembros de la familia en la vida familiar, también a través de la tecnología.
  • Si estás en redes sociales o utilizas Internet en el trabajo, aprovecha lo que veas o leas para entablar conversaciones en casa y transmitir la pasión por aprender y adaptarse a los cambios.
  • Casi todo lo que nos gusta tiene una versión online. Busquemos ampliar nuestra vida familiar incluyendo en la ecuación lo que más nos guste de la vida conectada.

5- Valores: familias… que son una familia

Con o son wi-fi o 4G, lo que las familias transmiten son raíces. Valores. Los de siempre. Así que es importantísimo inculcar respeto, paciencia, reflexión, compasión, generosidad, coherencia. Lo que somos en el mundo real es lo que somos en el virtual. Y resulta clave trasladar estos valores tradicionales a la vida digital, normalizando la tecnología e incorporándola al resto de la vida familiar y de la educación que damos a nuestros hijos. Ante todo, no aspiremos a ser perfectos. Todo el mundo se equivoca y aprende de los errores.

  • Busquemos ser flexibles y entender que, si un día hay mucha pantalla, al día siguiente deberá haber menos, que a veces hace falta estar conectado, que los límites deben ser claros pero el criterio para aplicarlos puede ser flexible.
  • Aunque los actos tienen siempre consecuencias, la familia debe fomentar la responsabilidad y la capacidad de adaptación. Cada miembro de la familia es diferente en carácter, aficiones, entorno… y es importante ajustar nuestras expectativas a esas diferencias.
  • No existe una única forma de vivir y es mejor respetar que estar siempre criticando. Asumamos cómo somos y busquemos la forma de que nuestra familia (y no las demás) conviva saludablemente con el mundo digital. Lo más fácil es ver los ejemplos negativos, pero también hay proyectos, ideas y personas que, a golpe de tecla, pueden enseñarnos lecciones importantes sobre respeto y convivencia.
  • Si los padres se muestran receptivos al diálogo sobre la tecnología desde que los niños son pequeños, la comunicación podrá mantenerse algo más fácilmente conforme pase el tiempo. El valor fundamental que una familia regala a sus miembros es el de la pertenencia y la disponibilidad.

¿Cómo es tu familia? ¿Muy tecnológica? ¿Enemiga de lo digital? ¿Sólo usáis Internet para el trabajo o el colegio? ¿Hay muchos conflictos en casa por culpa de las pantallas? Trata de pensar en cómo te gustaría que fuerais tecnológicamente hablando e identifica lo que haya que cambiar para mejorarlo.

Entre todos, es posible hacer que Internet sea un sitio mejor y que la tecnología sea un aliado en lugar de una fuente de problemas. La clave es empezar por el principio para que nuestra relación con el mundo digital sea positiva, responsable, segura. Y el principio está, casi siempre, en casa. En familia.
Autor: María Zabala, periodista experta en ciudadanía digital y familia. Creadora del blog iWomanish y colaboradora de Dialogando.

 

 

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